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sábado, 21 de octubre de 2017

JAMES BOND: ORO PARA LE CHIFFRE.


JAMES BOND: ORO PARA LE CHIFFRE.

Las novelas de Ian Fleming acerca de James Bond, el agente del MI6 británico, no solo fueron llevadas al cine, sino que también tuvieron su adaptación a los comics.

Ha habido ediciones inglesas, de USA, suecas, alemanas, chilenas, e incluso tiras de prensa, manga y algunas ediciones paródicas. Entre 1968 y 1970, la editorial chilena Zigzag, publicó por convenio con Albon Internacional Inc. y Glidrose Publications Inc. (Londres), un total de 59 comics adaptados de las novelas y películas o totalmente originales. El guión y adaptación estaba a cargo de German Gabler A., y el arte por Hernán Jijón. En las contraportadas y portada interior de los comics, había una sección dedicada a detallar el tipo de armas y vehículos que usaba un agente secreto.

Oro para Le Chiffre continúa el seguimiento de Bond al hombre clave de Smersh.

Un anciano regresaba a su departamento en Berlín Occidental, cuando fue interceptado por dos hombres que lo estaban vigilando y lo golpearon, dejándolo inconsciente. Los hombres, ingresaron al departamento del anciano, lo registraron y se llevaron probetas y otros accesorios químicos que había allí, luego de lo cual, se retiraron, llevándose también al anciano.

Algo después, un hombre inspeccionaba un monasterio abandonado y se disponía a informar de su hallazgo, cuando alguien lo sorprendió. Una pareja de enamorados que paseaba cerca del lugar, encontró el cadáver del hombre. La noticia se difundió y Bond, que había regresado a Londres luego de arruinar los planes de Le Chiffre, se econtraba en un entrenamiento de rutina, cuando recibió un llamado para acudir a la oficina de “M”.

“M” informó a Bond que el Profesor Karlheinz Schön, un científico de alrededor de 60 años y que aparentemente había descubierto un método para obtener oro de casi cualquier otro metal, había sido secuestrado. Pocos días antes de desaparecer el científico, Pierre Leduc, hombre de confianza de Le Chiffre, había llegado a Berlín y por la descripción de testigos, parecía ser uno de los captores. Un agente birtánico destacado en Berlín había seguido el rastro hasta un viejo monasterio fuera de la ciudad; pero, fue hallado muerto, aparentemente estrangulado y con el curioso detalle de tener polvo de oro en su ropa.

Por instrucción de “M”, Bond fue a ver a “Q”, quien tenía una nueva arma para él. Eran unos cigarrillos que tenían una pequeña carga explosiva que al activarse, lanzaba un dardo con un potente veneno. Bond debía tener cuidado de no tocar los dardos, pues el veneno actuaba incluso a través de la piel.

Ya en Berlín Occidental, Bond fue recibido por el agente Smith de la “Estación Q”, quien le dijo que no sabíam exactamente dónde quedaba el monasterio, pues el agente asesinado no había alcanzado a informarles. Bond le dijo a Smith que se haría pasar por un Arquitecto interesado en conocer edificicaciones antiguas. Smith le dejó el carro para lo que necesitara.

Al día siguiente, Bond averiguó en la Oficina de Turismo en Berlín, que el monasterio más cercano era el de Gartenburg, por lo que se dirigió hacia esa población y se hospedó en la posada; pero, no consiguió que nadie quisiera ayudarlo a llegar al monasterio, pues parecían temer a la presencia de espantos en el lugar. Cuando volvió a la posada, conversó con la hija del dueño y esta se ofreció a llevarlo. Ninguno de los dos notó que un hombre los observaba con mucha atención y salió para hacer una llamada, avisando que había un hombre preguntando por el monasterio y recibiendo la orden de acabar con el intruso.

La mañana siguiente, Bond y Helen emprendieron el recorrido a pie hasta el monasterio, que quedaba a media hora de camino. El hombre que los había estado observando, los vigilaba desde lo alto de un promontorio y se las arregló para hacer rodar una enorme roca, con el ánimo que los aplastara; pero, el ruido de pequeñas piedras al caer, alertó al 007, que alcanzó a agarrar a la joven y apartarse a tiempo. Sin embargo, al caer, Helen se lastimó un tobillo, por lo que tuvo que regresar a la posada, mientras Bond siguió el camino al monasterio abandonado.

Al llegar, Bond ingresó y empezó a recorrer el lugar, llamándole la atención que una de las habitaciones estaba particularmente limpia, para ser un sitio abandonado. En eso, escuchó que alguien se acercaba y se ocultó detrás de un muro a medio derruir, viendo entonces a un grupo de personas que ingresaban a la habitación en la que él había estado y como al accionar una argolla que había en el lugar, se abrió una trampilla en el suelo, que permitía acceder a un sótano. Bond decidió regresar más tarde; pero, al momento en que iba a salir, una sombra lo alertó de que un hombre armado con un cuchillo, lo esparaba escondido en la salida, así que pudo sorprenderlo y acabar con él, luego de lo cual, ocultó el cadáver.

Ya en la posada, redactó un informe en clave, lo puso en un sobre y se lo entregó a Helen, diciéndole que en realidad él era un agente de Interpol y que si no regresaba, ella debía entregar el documento en la dirección indicada, pidiéndole que guarde absoluto silencio sobre el tema.

Llegada la noche, Bond regresó al monasterio, accionó la argolla y bajo al sótano, viendo que había un amplio corredor y al final, se veía luz. Avanzó y se encontró con una enorme bodega, bien iluminada, donde estaba el Profesor Schön, junto a otros hombres, que salieron al terminar la jornada. Al acercarse, Bond notó que había oro en el lugar, por lo que parecía que las teorías del científico eran ciertas; pero, cuando quiso hablar con Schön, diciéndole que estaba allí para rescatarlo, el anciano gritó pidiendo ayuda.

Bond intentó escapar; pero, fue impedido de hacerlo por varios hombres armados y ante él apareció Pierre Leduc, quien le preguntó quien era, contestando que era un ermitaño que buscaba algo de paz, ante lo cual el hombre de Le Chiffre lo golpeó y dispuso que fuera azotado con el látigo eléctrico. El 007 soportó todo cuanto pudo, aunque finalmente terminó desmayándose.

Cuando Bond despertó, se encontró en una celda, vigilado de cerca por un hombre armado con una ametralladora. Bond tenía aún los cigarrillos especiales en uno de sus bolsillos y le pidió al guardia que le permitiera fumar, antes que este llamara a Leduc. Poco después, el guardia caía muerto por el dardo del cigarrillo y Bond tomó su arma y salió de la celda, volviendo a la bodega donde estaban Schön, Leduc y los demás hombres. Schön mostraba orgulloso los pedazos de oro obtenidos y manifestaba que era la hora de su gloria y de hacer morder el polvo a los que se habían burlado de él.

Bond disparó hacia la fuente de energía del lugar, causando una explosión  y el consiguiente incendio, aprovechando la confusión para matar a los hombres que trabajaban para Leduc. Las explosiones se sucedían una tras otra, ocasionando que el lugar se derrumbara, alcanzando el 007 a salir a tiempo; pero, fue sorprendido con un fuerte golpe detrás de su cabeza, con una piedra lanzada por Leduc.

Bond cayó aturdido al piso, casi sin poder moverse, mientras Leduc lo amenazaba con su pistola y advirtiendo que de nada servía lo que había hecho, pues aún contaban con Schön para producir más oro. Sin embargo, Schön, que salía en ese momento apuntando un arma hacia los dos hombres, le dijo a Leduc que eso no era así, que ya no seguiría trabajando para él, pues ahora su objetivo era la gloria y vengarse de los que le habían quitado la cátedra y lo habían humillado.

Leduc intentó desarmar a Schön; pero, este le disparó 3 veces, cayendo muerto el hombre de Le Chiffre. Ahora, solo quedaba Bond ante él y el anciano estaba a punto de disparar, cuando de manera providencial, su cuerpo se empezó a convulsionar, cayendo muerto por un incidente cerebrovascular. En ese momento, llegó Helen en busca de Bond, pues se había quedado preocupada por él y lo ayudó a levantarse.

Ya en camino de regreso a la posada, Helen sintió una molestia en el pie que se había lastimado, por lo que Bond tuvo que cargarla. Al rato, sin embargo, Bond también alegó tener un pie lastimado, así que se sentaron para descansar un rato y conocerse mejor. ¡Total, los planes de Le Chiffre se habían arruinado de nuevo!

Esta historia fue publicada en español en formato grapa en el # 5 de la colección de James Bond de Editorial Zig Zag de Chile, el 30 de Diciembre de 1968. Imagen cortesía de colección privada.

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lunes, 9 de octubre de 2017

JAMES BOND: SOLO PARA TUS OJOS.


JAMES BOND: SOLO PARA TUS OJOS.

Las novelas de Ian Fleming acerca de James Bond, el agente del MI6 británico, no solo fueron llevadas al cine, sino que también tuvieron su adaptación a los comics.

Ha habido ediciones inglesas, de USA, suecas, alemanas, chilenas, e incluso tiras de prensa, manga y algunas ediciones paródicas. Entre 1968 y 1970, la editorial chilena Zigzag, publicó por convenio con Albon Internacional Inc. y Glidrose Publications Inc. (Londres), un total de 59 comics adaptados de las novelas y películas o totalmente originales. El guión y adaptación estaba a cargo de German Gabler A., y el arte por Hernán Jijón. En las contraportadas y portada interior de los comics, había una sección dedicada a detallar el tipo de armas y vehículos que usaba un agente secreto.

La Dra. Eva Nagy había escapado de su país, en la Europa Oriental, un par de semanas atrás, causando gran revuelo diplomático. Mientras esperaba le otorgaran el asilo en Inglaterra, Nagy decidió distraerse en un complejo turístico y esquiar en la nieve, aunque estaba preocupada, pues había un hombre que parecía seguirla a todas partes.

Cuando empezó a descender la ladera esquiando, la Dra. Nagy fue interceptada por dos hombres que la hicieron caer y luego la amenazaron con sus armas para que los acompañara. Abajo los esperaba su cómplice, a bordo de una moto para nieve; pero, cuando llegaron, lo encontraron muerto. Entonces, apareció ante ellos otro hombre armado, al que la Dra. Nagy reconoció como aquel que la había estado siguiendo y que disparó con los secuestradores, matándolos de contado. El hombre dijo entonces a la científica, que estaba destinado a vigilarla y se presentó diciendo “Soy Bond… James Bond”.

Mientras tanto, el Coronel Havelock desayunaba con su esposa en el patio de su casa de la Hacienda Content en Jamaica y le contaba acerca de gente adinerada que estaba llegando a Kingston y adquiriendo propiedades en la isla. Había rumores acerca del dictador de una nación centroamericana cuyo regimen estaba por caer y para precautelarse, toda su gente cercana estaba empezando a salir del país, para afincarse en Jamaica.

En eso, llegó un hombre que se identificó como el Mayor González, acompañado de dos individuos malencarados, cuyo aspecto no agradó a Havelock. González dijo que representaba a un hombre de gran fortuna que deseaba adquirir su hacienda, a lo que Havelock contestó que la propiedad había sido de la familia por varios cientos de años y que no estaba en venta. González insistió diciendo que su representado quería únicamente esa hacienda y le mostró dos maletines llenos de dinero, lo que ofendió a Havelock, que le pidió se retirara o sino llamaba a la policía y fue claro en decir que del lugar solo saldría cuando haya muerto. González dijo entonces que harían negocios con su hederera, chasqueó los dedos y los hombres que lo acompañaban dispararon sobre el militar retirado y su esposa, matándolos de contado, luego de lo cual abordaron un vehículo con dirección al puerto, para tomar un barco y regresar a su país.

Un mes después, James Bond llegaba al despacho de “M”, quien lo ponía al tanto de lo acontecido con los Havelocks. Un asesinato no era un caso para un 007; pero, el Coronel Havelock había sido muy amigo de “M”, que estaba indignado por lo ocurrido, e informó a Bond acerca de los movimientos que estaba haciendo Von Hammerstein, antiguo oficial de la Gestapo y ahora jefe de policía del dictador de un país centroamericano, que era quien había enviado a González para que los asesinara, si se negaran a vender su propiedad.

Se sabía que Von Hammerstein había huído hacia Vermont en USA y desde Canadá estaba siendo vigilado; pero, ellos no podían actuar. “M” entregó a Bond un archivo “Solo para sus ojos”, con todos los detalles, que eran estrictamente confidenciales. El Agente 007 debía viajar a Ottawa, al cuartel de la Policía Montada, donde recibiría las instrucciones finales.

Ya en Canadá, Bond se presentó en el Cuartel General de la Policía Montada en Ottawa, donde debía reunirse con el Comisario; pero, fue recibido por el “Coronel Johns”, pues el Comisario padecía de un “resfrío diplomático”, ya que lo que se iba a hacer era algo hasta ilegal y el funcionario no debía verse involucrado en una aparente “expedición de caza”, que implicaba documentos falsos, incluyendo permiso para cacería, mapas con la ubicación de la propiedad donde se hallaba Von Hammerstein (junto al Lago Eco) y la entrada ilegal en territorio de USA. Ya que era una misión extraoficial, si Bond era descubierto y atrapado, quedaría a su propia suerte.

Aparte de los documentos falsos, “Johns” entregó a Bond un vehículo para su movilización hasta la frontera, en cuya cajuela había un rifle Savage 99 F6 con mira telescópica, con cinco tiros de repetición. Bond llevaría, además, su habitual Walther PPK de 7.65mm, de ocho tiros. Bond partió hacia la frontera, se registró en un motel y horas más tarde, a eso de la medianoche, dejó el vehículo encargado en una gasolinera, empezando la “expedición de caza” a pie, internándose en el bosque, hasta pasar la frontera, luego de lo cual quemó los mapas que le habían dado.

Ya clareaba el día, cuando desde una colina avistó el Lago Eco y la casa donde se refugiaba Von Hammerstein, misma que tenía un pequeño muelle. Cerca del lago había una franja boscosa, que sería ideal para apostarse y disparar desde allí; pero, para llegar y luego de salir del bosque que había en la colina, había que atravesar un prado desde el que podía ser avistado fácilmente, por lo que tendría que avanzar deslizándose a nivel del suelo, con el cuidado de no hacer ruido alguno, pues el Lago Eco debe su nombre a que refleja los sonidos de sus alrededores.

Bond comenzó a avanzar. En la casa ya se notaba actividad, pues empezó a salir humo de la chimenea. Poco después, Bond escuchó que alguien le ordenaba detenerse y vio junto a él a una joven mujer que le apuntaba con arco y flecha y que le preguntó si era uno de los matones de Von Hammerstein. 007 contestó que no y le sugirió apresurarse en alcanzar los árboles.

Ya a salvo, la mujer resultó ser Judy Havelock, cuyos padres habían sido asesinados por los matones de Von Hammerstein y que había seguido su rastro por medio de detectives, disponiéndose a matar al asesino, afirmando ser muy hábil con el arco y flechas. A ella le molestaba la presencia de Bond y le pidió que se fuera; pero, este insistió en lo difícil de la tarea, e insistió en acompañarla, ofreciendo dejar que fuera ella la que se ocupara de Von Hammerstein. Luego, se dedicaron a observar con la mira telescópica del rifle, apareciendo primero en la terraza al pie de la casa, González y sus dos matones, junto a dos chicas.

Al rato, salió Von Hammerstein, que se recostó a tomar el sol. Judy y Bond tomaron sus posiciones. Poco después, Bond escuchó tiros y pensó que la gente de Von Hammerstein había encontrado a Judy, resultando que estaban haciendo tiro al blanco. Minutos después, Von Hammerstein decidió nadar un rato y en el momento que se lanzaba al agua, Judy disparó una flecha, dando en el blanco, quedando el cuerpo inerte en el agua. Los matones sintieron que algo malo pasaba y empezaron a disparar, siendo abatido uno de ellos por Bond, mientras que el otro reaccionó y disparó hacia donde estaba 007. El matón salió corriendo para guarecerse, lo que fue aprovechado por Bond para dispararle, matándolo de contado.

A Bond le preocupaba que las mujeres llamaran a la policía, así que había que terminar rápido, intercambió disparos con González, hasta que consiguió darle. Luego, se acercó a ver cómo estaba Judy, encontrando que una bala la había rozado. Todo había terminado y ahora emprendería con ella el regreso a Canadá, donde le conseguiría documentos falsos y ropa nueva. Pero hasta entonces, podían aprovechar el tiempo para conocerse mejor.

Esta historia fue publicada en español en formato grapa en el # 3 de la colección de James Bond de Editorial Zig Zag de Chile, el 6 de Diciembre de 1968. Imagen cortesía de colección privada.

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domingo, 1 de octubre de 2017

JAMES BOND: OPERACIÓN RIESGO.


JAMES BOND: OPERACIÓN RIESGO.

Las novelas de Ian Fleming acerca de James Bond, el agente del MI6 británico, no solo fueron llevadas al cine, sino que también tuvieron su adaptación a los comics.

Ha habido ediciones inglesas, de USA, suecas, alemanas, chilenas, e incluso tiras de prensa, manga y algunas ediciones paródicas. Entre 1968 y 1970, la editorial chilena Zigzag, publicó por convenio con Albon Internacional Inc. y Glidrose Publications Inc. (Londres), un total de 59 comics adaptados de las novelas y películas o totalmente originales. El guión y adaptación estaba a cargo de German Gabler A., y el arte por Hernán Jijón. En las contraportadas y portada interior de los comics, había una sección dedicada a detallar el tipo de armas y vehículos que usaba un agente secreto. En este caso, “Operación Riesgo” está basado en el relato corto “Risico”.

Un taxi se detuvo al pie de una casa en Tánger (Marruecos), de donde se bajó un hombre que ingresó a la propiedad. Luego de recibir unos documentos, asesinó a quien se los entregó, salió y partió en el taxi que lo esperaba.

Poco después, en un lugar desolado, el taxista frenaba y usaba un arma con silenciador para acabar con el asesino y quitarle los documentos que había retirado en Tánger, dejando luego que el auto siga su marcha, hasta caer por un barranco. El chofer cambió sus ropas y pidió aventón a una joven mujer que pasaba con su auto por el lugar, explicando que había discutido con el taxista por el costo de la carrera y este lo había dejado botado a medio camino. Ante la pregunta de la mujer, el hombre procedió a identificarse: “Bond, James Bond.”

Ya en Londres, Bond recibió instrucciones de “M” de dirigirse a Roma para reunirse con un agente de la CIA llamado Kristatos, quien fingía ser un contrabandista, dado que había alarmantes informes acerca del incremento de cargamentos de droga que salían de la Europa continental hacia el Reino Unido y que se afirmaba era un intento de los enemigos de la nación, para socavar física y moralmente a sus habitantes. Aunque era una misión nada habitual para 007, Bond tendría que simular una transacción con Kristatos, para dar con los peces gordos, para lo cual tenía un presupuesto de hasta 200.000 Libras en un caso extremo.

Tras coquetear con Moneypenny e ilusionarla afirmando que tras esta misión sería solo para ella, Bond partió y una semana después, se hallaba en Roma, cenando con Kristatos en un lujoso restaurante, donde planificaron un primer negocio por 50.000 Libras o algo más, si fuese necesario. Kristatos se apartó por unos minutos, quedando solo Bond, que disfrutaba de una copa de vino, sin notar que era observado por una pareja que se hallaba en una mesa cercana.

El hombre tenía información acerca de que Bond era un espía y decidió comprobarlo, para lo que llamó al maître (metre o maestro de sala del lugar) y le dio instrucciones al oído, disponiéndose de inmediato a cumplir con la orden del “padrone” (el propietario del lugar). El maître entró a la oficina administrativa del local, saliendo un momento después, pidiendo en voz alta se disponga mesa para 4 y como faltaban sillas, sacaron una de la oficina y otra se la pidieron a Bond de las que sobraban en su mesa. Sin embargo, al poco rato, el maître aseguró que solo había pedido mesa para tres, así que le devolvieron una silla a la mesa de Bond, aunque no la que habían retirado, sino la que habían sacado de la oficina.

Cuando Kristatos regresó, siguieron conversando sobre la transacción, acordando la forma de pago y el agente de la CIA exigió que la cabeza de la organización debía de ser destruida, contestando Bond que lo acabaría solo si fuese necesario. Kristatos explicó que la red de comercio de drogas la llevaban a cabo italianos que habían sido expulsados de USA y que operaban con Tánger, Beirut, Macao y Estambul, contando en Milán con un laboratorio llamado Pharmacia Colomba S.A., donde se realizaba el procesamiento y la droga era transportada en la llanta de repuesto de vehículos que salían de dicha ciudad italiana hacia Inglaterra. Kristatos dijo a Bond que el cabecilla era justamente el hombre que estaba en la mesa más cercana, Enrico Colombo, quien estaba acompañado por Lisl Baum, quien según el agente de la CIA era una acompañante de lujo.

En ese momento, Colombo se levantó de su silla y se dirigió a la oficina, mientras un mesero retiraba la silla que habían dejado en la mesa de Bond y la llevó hasta donde estaba el “padrone”, quien levantó el asiento y sacó una grabadora, la que activó para escuchar lo que Kristatos y el británico habían conversado. Colombo regresó a su mesa y discutió con Lisl, que se levantó ofendida y abandonó el lugar, mientras el “padrone” le decía que no volviera.

Bond ya salía del lugar y se ofreció a llevarla, lo que ella aceptó. En el camino, Bond la invitó a tomar un trago; pero, ella dijo que debía descansar, pues debía partir a Venecia. Bond le dijo que él también iba a ir para allá y tras presentarse como un escritor que preparaba un libro sobre el tráfico de drogas, razón por la cual se había reunido con Kristatos, ella le dijo que sabía algo del tema, acordando verse dos días después en los Bagni Alberoni de Venecia, a eso de las tres de la tarde, indicándole Lisl, que buscara una sombrilla amarilla en la playa.

Llegado el día, Bond fue a la playa donde encontró a Lisl; pero, sintió que algo andaba mal y vio a tres hombres que iban hacia él, por lo que empezó a correr hacia una elevación cercana y empezó a trepar, siendo seguido por uno de los extraños, mientras los otros dos tomaban un atajo, sin importarles el aviso de “campo minado”; pero, uno de ellos pisó una mina, volando en pedazos y el otro prefirió quedarse en el suelo, sin atreverse a mover un músculo.

Bond alcanzó a ver más abajo a unos pescadores con arpón y creyó que eran gente del lugar, por lo que creyó estar a salvo; sin embargo, resultó ser Enrico Colombo con varios de sus hombres, por lo que el agente sacó su arma, aunque fue advertido que los “pescadores” eran muy certeros con el arpón. Aún así, Bond amenazó que Colombo sería el primero en caer antes que lo mataran; pero, un golpe en la parte posterior de su cabeza, lo hizo perder el conocimiento.

Al despertar, uno de los hombres de Colombo le dijo que el golpe en su cabeza no era nada grave y que su jefe lo estaba esperando. A Bond le llamó la atención el trato que le habían dado, como si no fuera un enemigo; y, de hecho, encontró todas sus cosas sobre una mesa, con excepción de su arma. Cuando llegó a ver a Colombo, este lo invitó a comer y a beber lo que quisiera y Bond le preguntó porqué tanto lío si quería verlo, si la aceptación de Lisl a su invitación era más que obvia. Colombo le preguntó entonces porqué había corrido y Bond contestó que era porque la apariencia de los hombres no le había agradado; pero, este le dijo que era difícil que se reunieran amistosamente, cuando el británico pensaba matarlo y lo hizo escuchar la cinta, donde hablaba con Kristatos de acabar con el cabecilla de la organización.

Bond le preguntó por el resto de la cinta y Colombo admitió que en parte era verdad, pues sí era un contrabandista, aunque no de drogas y le contó que el verdadero capo era Kristatos, que era un doble agente y ocasionalmente delataba a alguien para cubrirse. Colombo lo había averiguado en una ocasión en que uno de sus barcos se enfrentó con una nave albanesa y capturaron a uno de los hombres al que tras confesar, lo abandonaron en el campo minado. Desde entonces, Kristatos estaba tras Colombo; pero, ahora había una oportunidad de atraparlo, en el peq        ueño puerto pesquero de Santa María, al llegar el alba. Colombo dijo que quería destruir a Kristatos y le preguntó a Bond si estaba de acuerdo, contestando el agente británico que sí, luego de lo cual recibió su arma de vuelta.

A eso de las cinco de la mañana, el barco llegó al puerto pesquero y se avistó una nave de similar tamaño, de la que se desembarcaba lo que parecían rollos de papel de imprenta. La nave de Colombo se acercó y todos se lanzaron al abordaje, incluido Bond, que debió enfrentarse a dos hombres armados y tras vencerlos, notó que de uno de los rollos de papel perforado por las balas, salía opio crudo. Luego, ingresó al galpón adonde estaban llevando los rollos; pero, presintió algo y antes de avanzar más, salió y advirtió a Colombo que pusiera hombres afuera y que nadie entrara, mientras él daba la vuelta por fuera, hacia la parte posterior.

Al llegar a la parte posterior, Bond vio a Kristatos que estaba a punto de accionar un detonador y disparó; pero, falló y fue golpeado por la onda de la explosión. Cuando 007 reaccionó, vio que Kristatos se alejaba en un auto, apuntó y disparó, cayendo muerto el doble agente contra el volante de su auto, que siguió su rumbo hasta caer por un barranco. Colombo se acercó a agradecerle por haberles salvado la vida a sus hombres y a él, mientras estos hundían el barco en el que había llegado la droga.

Luego, Bond se tomó unos días de vacaciones en Venecia, donde recibió la visita de Lisl, que llegaba para darle la información que le había ofrecido; pero, el agente británico le dijo que había desistido del tema porque era muy riesgoso y que ahora escribiría algo sobre el amor. Lisl le dijo que en eso, también podría apoyar.

Esta historia fue publicada en español en formato grapa en el # 1 de la colección de James Bond de Editorial Zig Zag de Chile, el 4 de Noviembre de 1968. Imagen cortesía de colección privada.

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