sábado, 28 de enero de 2017

EL ZORRO: ROBO EN EL CUARTEL.


EL ZORRO: ROBO EN EL CUARTEL.

Sobre mediados de la década del 70, Ediciones Colombianas S.C.A. Edicol, en asociación con Editorial Pinsel de Chile, bajo licencia de Walt Disney Productions, publicaron una colección de 52 revistas con portada a color e interior en sepia del héroe de la California hispana, El Zorro.

Zorro fue creado por el escritor Johnston McCulley en 1919, apareciendo por primera vez en su historia “The curse of Capistrano”, serializada en 5 partes en la revista pulp All story weekly y en la que al final, su identidad secreta era revelada a todos.

Tras el éxito comercial de la película “The mark of Zorro” (1920) con Douglas Fairbanks y Mary Pickford, McCulley escribió al menos 60 historias más de su personaje a partir de 1922, la última de las cuales, “The mask of Zorro”, fue publicada de manera póstuma en 1959, cuando el programa de TV producido por Disney se había vuelto muy popular.

Dell Comics empezó a publicar historias del Zorro en Four Color Comics en 1957 y en 1958, empezaron a basarse en la serie de TV, con arte de Alex Toth, para pasar el año siguiente a Walt Disney’s Comics and Stories, también publicadas por Dell. Luego, entre 1965 y 1974, Disney produjo varios comics del personaje solo para consumo extranjero e incluso concedió licencia a varios países, para que produjeran sus propias historias. Gold Key Comics publicó 9 números entre 1966 y 1968, luego de lo cual, el personaje quedó en el limbo, hasta que Marvel publicó una miniserie de 12 números en 1990, que encajaba en las historias contadas en la serie de TV protagonizada por Duncan Regehr. De manera más reciente, el personaje fue retomado por Dynamite Entertainment en el 2008.

La historia que reseñamos a continuación, “Robo en el cuartel”, fue publicada en el # 1 de dicha colección y tuvo como complementos “El profeta” y “La victoria de Zorro”.

En “Robo en el cuartel”, la noticia corría como pólvora por el pueblo de Los Ángeles: el Sargento García había sido arrestado, acusado de robar el dinero del cuartel. El propio Capitán Monasterio interrogaba a su subordinado, quien afirmaba no recordar nada, salvo que había salido unos minutos (a la taberna, obvio) y que al regresar, el dinero ya no estaba. García podía ser condenado a ser destituido e incluso fusilado por traición.

Poco después, García acudía  a la taberna para hablar con el dueño y le decía que recordaba haber entrado; pero, que no había bebido mucho. Sin embargo, tanto el tabernero como uno de los asistentes, le dijeron que había bebido tanto, que habían tenido que llevarlo a rastras de vuelta al cuartel.

En eso, llegó Don Diego de la Vega, quien se preocupó al enterarse de la noticia y le pidió a García que le contase lo que recordaba. Mientras eso ocurría, notó que el tabernero y la otra persona que habían estado hablando con el Sargento, prestaban mucha atención a la conversación.

Al volver a casa, Don Diego le contó a Bernardo lo ocurrido y le dijo que pensaba que el Sargento García era víctima de un complot y le encargó a su fiel sirviente que vigilara al tabernero Angelito, a quien apodaban “El Gato”, porque era un hábil ladrón.

Al día siguiente, el Sargento García era suspendido y se disponía su encierro a la espera del fallo definitivo. Mientras tanto, Bernardo se hallaba en la taberna y escuchaba lo que se decía, oyendo decir que al Sargento le habían puesto a la bebida. En ese mismo momento, Don Diego se hallaba en la puerta del cuartel, donde interrogaba al soldado de guardia, quien le dijo que García había llegado la noche del robo casi a rastras, llevado por varias personas y que él fue en busca de un médico; pero, cuando regresó, el Sargento ya había entrado a sus aposentos. Don Diego se quedó pensando en lo rápido que García se había recuperado.

Tras ser informado por Bernardo sobre lo que había escuchado en la taberna, Don Diego decidió que era hora de que Zorro resolviera el caso. Llegada la noche, siguió al Gato y sus dos secuaces hasta una casa cercana, donde estos hablaban de repartirse el botín, aunque el tabernero, queriendo quedarse con más dinero, les aseguraba que no había tanto dinero en la caja que habían robado. Al entrar a la habitación donde estaba guardada la caja con el dinero, el Gato tomó un arma y queriendo quedarse con todo, le disparó a uno de sus secuaces; pero, no pudo dispararle al otro, pues Zorro lo desarmó y atrapó a los bandidos.

Luego, los dejó en las afueras del cuartel, con la caja del dinero y una nota que aclaraba que García no era culpable del robo. Más tarde, ya libre y en la taberna (para variar), el Sargento García aclaraba que Zorro lo había ayudado porque le tenía miedo.

En “El profeta”, un estafador se había ganado la confianza y veneración del pueblo de Los Ángeles por las milagrosas curaciones que realizaba, aunque obviamente, no consiguió curar a Bernardo. El profeta consiguió indisponer al pueblo en contra de los hacendados y las autoridades, hasta que un aviso llegado de otra población, demostró que se trataba de un peligroso delincuente, buscado por varios delitos. La intervención del Zorro y los soldados, justo cuando el “profeta” se negaba a curar a un enfermo, demostró quien era y que solo había “curado” a sus propios secuaces. Zorro aprovechó para escabullirse, mientras el Sargento García le agradecía su ayuda, aunque luego se dio cuenta que debía de haberlo capturado.

En “La victoria de Zorro”, el héroe desaparecía misteriosamente en la cercanía de la hacienda de los De La Vega, mientras era perseguido por el Capitán Monasterio y sus soldados. Bernardo apareció en lo alto de un risco disfrazado de Zorro, para distraerlos y que así no vieran el desvío que seguía el héroe. Monasterio dio la orden de dirigirse hacia la hacienda, pues pensaba que bien podría ocultarse allí o ser uno de los empleados. Al llegar, Don Alejandro le dijo que justo se acababa de enfrentar con el Zorro (que no era otro que Bernardo que iba camino a cambiarse); pero, que no había podido atraparlo porque su hijo Diego se interpuso. Ya afuera, Monasterio dio la orden de mantener vigilado el lugar, al tiempo que pasaba el Administrador Real, el señor Vargas, que lo acusó de inepto y amenazó con destituirlo si no atrapaba al Zorro. Monasterio hizo capturar a una de las trabajadoras de la hacienda por unos supuestos bandidos, para así atraer a Zorro, que sabía que era una trampa; pero, aún así acudió y venció tanto a los “bandidos” como a los soldados. Vargas fue testigo de lo ocurrido y destituyó a Monasterio, dejando a cargo al Sargento García, quien se alegró, pues el Capitán la hebía asegurado que jamás tendría el mando. Al partir, Monasterio se alegró de ver que la gente lo quería, pues tenían una fiesta lista para él; pero, todos rieron, pues la fiesta iniciaría tan pronto se fuera de Los Ángeles.

Esta historia fue publicada en formato comic grapa en el # 1 de la colección Zorro de Edicol. Imagen cortesía de colección privada.

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